—No quiero necesitarte.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque no puedo tenerte.
Los puentes de Madison.
Una casa con puerta de atrás para esas segundas oportunidades. Supongo que tendría ventanas orientadas al este, así el sol visitaría tus ojos por obligación cada mañana. Y balcones por si algún día me rompes el corazón y tengo que tirar tus cosas. Con pasillos cortos para que no tardes en traerme el desayuno a la cama. Alfombras por el suelo por que solo quiero que tú me pongas la piel de gallina.

Yo te enseñé el barrio, mis bares, mi colegio. Te presenté a mis amigos, a mis padres. Escuché los textos que tu ensayabas, tus cantos, tus esperanzas,tus deseos, tu musica. Tu escuchaste la mía, mi italiano, mi alemán, mis pinitos de ruso, yo te regalé un walkman, tu me regalaste una almohada. Y un día me besaste, el tiempo pasaba, el tiempo volaba y todo parecía tan fácil, tan sencillo, tan libre, tan nuevo y tan único, íbamos al cine, íbamos a bailar, íbamos de compras, reíamos, tu llorabas, nadábamos, fumábamos, nos afeitábamos, de vez en cuando tu gritabas, gritabas sin motivo o con motivo a veces, si, a veces tenias motivo. Yo te acompañaba al conservatorio, yo estudiaba para mis exámenes y escuchaba tus ejercicios de canto, tus esperanzas, tus deseos, tu musica, tu escuchabas la mía. Los dos estábamos cerca, tan cerca... Siempre íbamos al cine, íbamos a nadar, nos reíamos juntos, tu gritabas, con motivo a veces y otras sin motivo...